Sus ojos eran faros que que me guiaban hasta un destino al que sólo podía dejarme arrastrar.[...]
Mientras describíamos un giro desmayadamente lento, la estreché un poco más contra mi cuerpo para confesarle:
-Aparte de bailar, me gustaría darte un beso. ¿Puedo?
- Eso no se pregunta -respondió con una sonrisa maliciosa-. Se hace y punto.
Inmerso en el juego más viejo de la humanidad, de repente me apeteció demorar un poco el momento.
-¿Y si la otra persona no espera el beso?
-Entonces tendrás que atenerte a las consecuencias.
- Es un riesgo- le susurré antes de besar suavemente su mejilla.
No apartó la cara, lo cual era una buena señal. Luego declaró con un susurro:
- Vivir es un riesgo permanente. Sólo los muertos estan a salvo, ya lo sabes. Para siempre.
Retrum I: Cuando estuvimos muertos - Francesc Miralles
Segunda parte: Del amor y la muerte.
Capitulo 4: La gramatica del amor.